¿POR QUÉ A MI?

 En Reflexiones

Cuestionar a los demás, cuestionarse a uno mismo e indudablemente cuestionar a Dios es algo que con seguridad hemos hecho a lo largo de nuestra vida. Nuestra naturaleza humana nos lleva constantemente a despreciarnos, victimizarnos y sentir pena por nosotros mismos; creemos que valemos poco o nada frente a otras personas. Este tipo de acciones deben ser cortadas de raíz en nuestra vida, las circunstancias vienen y van; situaciones buenas y malas pasan a diario, pero si comparamos esas situaciones frente a las de otras personas, puede que aquello por lo que tanto sufrimos no valga la pena!

En muchas ocasiones nuestras dificultades no se comparan a las de otras personas pues en realidad la mayoría del tiempo sufrimos por cosas que poco valor tienen. Un día entendí que mi situación no era la peor y en medio de todo lo que pasaba era afortunada con el solo hecho de respirar y conocer a Dios, pero somos tan egoístas que ni siquiera le damos valor a eso, son de ese tipo de cosas de las que decimos ser conscientes, pero es tan intrínseco en nosotros que lo olvidamos por completo y lo dejamos en un segundo plano, creemos que el ser afortunado significa poseer riquezas, amor y poder.

Quiero ser una persona que acepta y le hace frente a su situación y quisiera que tú al leer esto también lo hicieras, quisiera que nos apropiáramos de nuestras circunstancias y en vez de echarnos a la pena creamos en ese Dios grande y poderoso que tanto profesamos y tengamos una confianza absoluta sobre las cosas que Él permite en nuestras vidas. Cuando libramos batallas y tenemos luchas, con frecuencia estas dejan cicatrices, pero son esas cicatrices las que también nos recuerdan que dependemos absolutamente de Dios. 

El Apóstol Pablo nos muestra como durante su vida tuvo que lidiar con algo que atormentaba su cuerpo y aunque le pedía a Dios que lo librara de ese sufrimiento decidió glorificarlo en medio del dolor (2 CORINTIOS 12:7-10), él decidió por amor a Dios hacer a un lado sus temores y dificultades para que aún cuando fuera débil entonces fuera fuerte.

Pablo aprendió a depender únicamente de Dios sin importar las circunstancias que lo rodearan, aun estando en la cárcel no cuestionaba su fe o el porqué de tal circunstancia. Cualquiera que sea tu situación por grande que parezca, debes entender que hay alguien que tiene control de todo y que el fin de ella es darle gloria al único que lo merece DIOS. 

Un sin fin de situaciones pondrán a prueba tu fe, tu autoestima y tu seguridad, pero te aseguro que tu situación es mejor que la de muchos y Dios ya ha decidido brindarte bienestar y esperanza. (JEREMÍAS 29:11 NTV)Así que te animo a depositar tu confianza en Dios y dejar que él tome control sobre toda tu vida, mereces ser feliz, mereces tener la vida que deseas pero esa vida sólo la encuentras si dejas que Jesús haga parte de ella. 

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